ARTE CULINARIO MODERNO
La Cocina, Un Arte
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ARTE CULINARIO MODERNO
EVENTOS MATRIMONIALES
VIAS DEL PLACER CULINARIO
ARTE CULINARIO MODERNO
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El Arte Culinario, como expresión cultural de un pueblo, se puede apreciar a través de la obra literaria de uno de los más grandes Gastrónomos de la Humanidad:

J.A.BRILLAN SAVARIN:

“El placer de la mesa pertenece a todas las edades, a todas las condiciones, a todos los países y a todos los días y es el último que nos queda, después de haber perdido todos los demás"

Así se expresaba este magistrado y gastrónomo francés, nacido en Belley en 1755 y muerto en Saint Denis en 1826, (Dos meses antes el libro que lo hizo famoso apareció en los anaqueles de las librerías: “Physiologie du goût ou Médiations de gastronomie trascendente, ouvrage théorique, historique et à l’ordre du tour, dédié aux gastronomes parisiens par un professeur, membre de plusieurs sociétés littéraires et savantes”), fue el mayor de 8 niños, Jean-Anthelme Brillat-Savarin pasó toda su juventud en Bugey, donde comenzó su interés en la cocina gracias a su madre, Claudine Aurore Récamier, quien fue una distinguida cocinera Cordon Bleu, una tía llamada Savarin le dejó a Jean Anthelme su fortuna con la condición de que él tomara su apellido.

Las mejores páginas del Physiologie contienen observaciones de Brillat-Savarin sobre ciertas comidas y preparaciones: el pot-au-feu y caldo, aves de corral y caza (incluyendo sus memorias personales de caza en el Nuevo Mundo), trufas, azúcar, café y chocolate. Su “Théorie de la friture” combina las anécdotas con la exactitud culinaria. Su “Histoire philosophique de la cuisine” es tanto erudita como ocurrente y cubre el período desde el descubrimiento del fuego hasta la era de Luis XVI, terminando con una descripción de los restaurantes de París en los años de 1810 a 1820. En sus “Variétés” hay muchos más bocados sabrosos.

Brillat-Savarin permaneció soltero toda su vida y gastó su tiempo libre redactando algunos tratados sobre economía e historia y un ensayo sobre el duelo. Estuvo interesado en la arqueología, astronomía, química y, por supuesto, en la GASTRONOMÍA, apreciando los buenos restaurantes, especialmente el Gran Véfour, el Véry, el Beauvilliers y el Tortoni. Se hospedaba con frecuencia en el Rue de Richelieu en París y cocinó algunas especialidades él mismo, incluidas la omelette de atún, faisán relleno decorado con naranjas y fillet de res con trufas.

Otro de los celebres Gastrónomos de la historia es:

GIOACCHINO ROSSINI 1868.

Pésaro (Italia), lo ve nacer un 29 de Febrero de 1792, a este celebre compositor, su padre trampista aficionado, transmite al pequeño la afición por la música, recorriendo diversos centros y Liceos, donde estudiará canto y contrapunto.

Sus dotes innatas para la música quedarán muy pronto reflejadas, al estrenar en Venecia, a la edad de 18 años, su ópera "El Contrato Matrimonial"; hay que apuntar, que no fue su primera ópera, puesto que ya, a la edad de 14 años, había compuesto "Demetrio e Polibio".

La genialidad de Rossini, va quedando cada vez más patente; las óperas de la llamada época de Nápoles, a donde se trasladará en 1815, poseen más recursos que las anteriores y dan un mayor protagonismo al coro, llevando al compositor a sorprenderse de su propio éxito, en el estreno en 1816 de su famoso "Barbero de Sevilla".

Francia también se rendirá a sus pies, siendo su ópera "Guillermo Tell" el mayor exponente de este éxito, introduciendo ahora, en esta etapa francesa, números de ballet en sus obras.

Después de hacer este pequeño recorrido por la obra de Rossini, se puede pensar que era un apasionado de la música, pero si hacemos una interpretación subjetiva y libre, nos inclinamos a pensar, que LA VERDADERA PASIÓN DE ROSSINI, FUE LA GASTRONOMÍA.

Corre el año 1830 y Rossini, con 38 años, decide darse un merecido descanso de la composición y dedicarse, casi por completo, a su verdadera pasión: LA GASTRONOMÍA. Este descanso del que hablamos estuvo acompañado de enfermedades, tanto reales como supuestas, puesto que era bastante hipocondríaco; no obstante nunca le abandonó un carácter vitalista y supo sacarle sustancia a la vida.

Como anécdota y referencia obligada del apasionamiento que en él levantaba el tema gastronómico, se dice que en toda su vida lloró únicamente en dos ocasiones: a la muerte de su padre, y cuando se le cayó por la borda del barco un pavo trufado. Situación comprensible, si tenemos en cuenta, que para Rossini la trufa era "el Mozart de las setas".

Radiciotti, (1927): biógrafo y buen conocedor de Rossini, nos cuenta varias anécdotas

Una noche, al salir de un concierto al cual acababa de asistir el compositor, se acercó una señora.
–Maestro –le dijo–, ¡finalmente puedo contemplar esta cara genial, que solo conocía por retratos! No se puede equivocar: Ud. tiene en el cráneo la joroba de la música.
–¿Y que me dice de ésta, señora? –Contestó Rossini tocándose la barriga–. Ud. no puede negar que sea aún más visible y desarrollada. Y es cierto que mi verdadera joroba es la gula.

Una vez, en premio de una apuesta donde había acertado, ganó un pavo trufado; pero el perdedor le daba largas para pagar la apuesta. Rossini le fue a ver un día y le dijo:

–Oye, ese famoso pavo, ¿cuándo se come?
–Sabe, Maestro, no es todavía la estación de las trufas de primera calidad.
–¡Que no, que no! Eso es una falsa noticia que difunden los pavos para no hacerse rellenar.

En 1864, el Barón Rothschild le mandó como regalo unos racimos de las maravillosas uvas de sus invernaderos, y recibió esta respuesta:

–¡Gracias! Su uva es excelente, pero no me gusta mucho el vino en pastillas.
El Barón entendió la alusión, y le gustó tanto este divertido comentario, que hizo mandar enseguida al Maestro un tonelete de su mejor Chateau-Lafitte

El compositor Alberto Lavignac, que conocía perfectamente los vicios de Rossini, le regalaba de vez en cuando una docena de las deliciosas sardinas que se pescan en el Golfo de Gascuña.

El Maestro le dijo un día: "Por favor, no me mande estas cosas el sábado. El sábado, hay siempre mucha gente a la mesa conmigo, y yo, cuando tengo las sardinas quisiera comerlas sólo, pero como soy tan buen marido, tengo que regalar siempre una a Olimpia (su esposa)".








 
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